06 junio, 2010

"me gustaría que me dijeras por qué todos los hombres tienen esa confianza en las puertas, sí , en que se van a abrir, en que pueden cerrarlas...Y volver a entrar después."
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Me tomé una cerveza y me sentó fatal. Mis cuarenta y cinco kilos me juegan estas malas pasadas, y no termino de acostumbrame. Antes una caña era el paraíso, ahora se convierte más en limbo que en otra cosa, porque pierdo el contacto con la realidad, me mareo, me desestabilizo, me entra sueño y a veces ganas de llorar.
El domingo me está jodiento. Casi siempre -salvo casos muy excepcionales- los domingos acaban jodiéndome de uno u otro modo, es cuestión de dejar pasar las horas para que todo se escaralle los domingos. Pero hoy ha empezado pronto el domingo a quitarme de mis planes, y lo que más me jode es que me empieza a dar igual.
Me fui a los columpios de la Alameda. Hacía años que no pisaba con tal consciencia esa Alameda pontevedresa y más años aún que no me sentaba en un columpio. Me sorprendió ese cosquilleo en el estómago al subir y bajar, ¿cómo le llamábamos a eso de niñas? Me mareé un poco, pero creo que tuvo culpa la cerveza. O la edad, quien sabe. Hay ciertas edades en las que ya no es que el ayuntamiento prohiba que utilices las atracciones de los parques infantiles, sino que es tu propio cuerpo el que te dice que no está para esos trotes. Me colgué luego de unas argollas de hierro e intenté trepar por una cuerda trenzada, y luego caminar por una especie de escalera hecha de cadenas. Casi me mato. Me disloqué un brazo seguro y me rompí el pantalón en las rodillas. La infancia que no tuve, cojones: destrozarme los pantalones en los parques haciendo el cafre.
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Este mareo es una mierda. Es lo peor de la borrachera sin lo mejor. Sin la chispa, sin la gracia, sin las ganas de comerme el mundo o de follarme a cualquiera que esté medianamente bueno y huela bien.
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Ayer discutí de política en un bar con un tipo de derechas que me agarraba la mano en plena discusión, y la confrontación de opiniones al tiempo que hacíamos manitas me iba poniendo muy cachonda, hasta que el muy burro me suelta que" la hija de mi parienta de diez años..." sí, lo dijo así mismo, hasta utilizó el término parienta, que para mi es cien mil veces peor que planear votar a Rajoy en las próximas elecciones. Pero , ¿ no estábamos ligando, pedazo imbécil? Pues igual sí, pero aquí ya no se respeta nada y todavía los hay que creen que te ponen las novias, como si el hecho de tener novia y estar dispuestos a pesar de eso a ponerle los cuernos contigo fuese una especie de reconocimiento a tus encantos personales. Pedazo imbécil.
Vamos que me piré porque a mi las novias ya me tienen un poco hartita. Bueno, ellas no, pobres, que bastante aguantan ya. Más bien ellos , hablando de sus novias mientras acarician tu tripita, para luego decirte qué bien estás, que qué guapa eres, que si "mi amor, mi cielo, mi vida" mientras se la chupas...Regla número uno: huír de los casados, de los con novia, de los comprometidos, de los ocupados vamos.

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