13 enero, 2012

Intentaré recuperar la costumbre de perderme por aquí de vez en cuando, y divagar sobre mis cosas. No son muchas, y ando algo distraída, algo torpe y dando tumbos, pero aún así, supongo que también los fracasos deben ser plasmados en cualquier sitio. Tengo este frío de enero metido en el cuerpo y se confunde con un miedo paralizante que me impide llorar a gusto. El miedo te congela más que la helada de las mañanas, se te clava en la garganta y aunque no llega a ahogarte, te frena, te entorpece, te limita. Soy una esclava del miedo y por tener, tengo miedo hasta de marcar su número de teléfono y que al otro lado su voz suene distante, o brusca o simplemente indiferente para decirme a los pocos segundos "habla rápido que me voy a comer". A veces es peor, el teléfono da una y otra vez la señal de llamada, pero nadie contesta al otro lado. Mis nervios se van erizando poco a poco y siento que voy a estallar en lágrimas o en gritos o incluso en silencio, que es mucho peor. Y él sigue mudo al otro lado, ajeno a mis llamadas que ya comienzan a parecer obsesivas y agónicas. Así hasta que me rindo, por fin. Me rindo y pienso en que no merece la pena esperar a alguien que no contesta la primera de mis llamadas.

*


"Llanes baixo a chuvia do amencer. Despertar co son do mar nos ollos e coas ideas entumecidas. Chamábase Iñigo. Por uns días esvaeceuse o recordo real do outro e fíxose todo posible, como sucede sempre nas vacacións"


"Ulen as rúas a mar e a sidra, nunha mezcla de olores que che fai vivir as vidas dos que pasaron por alí e deixaron nas predras empapadas en sidra a súa pegada. Pero a sidra é peleona e non se deixa conquistar fácilmente. Entran a regañadentes o primeiro e o segundo grolo, e logo faite caer no seu embruxo de acidez e ritual, e sentes Llanes nas entrañas e na memoria. Xa para sempre."

15 de agosto de 2011

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