17 septiembre, 2013

 
 
 
 
Era como su gato, el gato chico de color negro, Negrín, como yo le bauticé. Nada más verme me miró directamente a los ojos, con una mezcla de ternura y miedo, mientras yo le tendía la mano y le llamaba cariñosamente.  No se acercó. Se quedó inmóvil mirándome fijamente, cada vez con más ternura, con menos miedo...Pero Negrín es descofiado y no iba a dejarse tocar tan fácilmente.
_ Te lo regalo, llévatelo. Os gustáis- me dijo su amo.
A mi Negrín me gustó desde el primer momento en que lo vi, me gustó su desconfianza, su forma de no dejarse embaucar por nadie por lo que pudiera pasar. Seguimos así el resto del día, yo intentando acercarme, agachada frente a el, susurrándole , y el sujetándome la mirada, pero sin ceder ni un ápice. Qué tozudo es.
_Me lo llevo si finalmente me deja que le coja- le dije a su amo.
Por la noche me quedé a dormir y por un descuido dejé la puerta de la habitación abierta. Negrín entró y se puso a jugar con los demás gatos de la casa. Todos en el cuarto hacían un estruendo insoportable. Cuando se cansaron, Negrín dio un salto y vino a tumbarse sobre mis pies, acurrucado y feliz. Mientras su amo dormía abrazado a mi como si fuese yo su ser más preciado.
***
_Eres como Negrín- le dije antes de marcharme enfadada- ,desconfiado, no dejas que me acerque ni te acercas, pero por la noche te acurrucas a mi lado. Me lo hubiese llevado si se dejase coger. A ti también.

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