11 febrero, 2014

Aquí toda unha declaración de intencións, que comparto en casi todo. O credo dun vividor. Un blog que descubrín este verán e que dalgún xeito defíneme. Disfrutade:
 
 
Creo que no se me dan bien las presentaciones. Creo que tampoco las despedidas. Creo que somos aquello en lo que creemos. Creo en las canciones. Creo en la elegancia de Cary Grant. Creo en los detalles. Creo que hay que ir por la vida con los ojos bien abiertos. Creo que soy más de los Stones que de los Beatles. Creo que Scarlett Johansson está sobrevalorada. Creo que hay que ser muy hombre para olvidar a una mujer. Creo que ahora los gin tonics los preparan decoradores de interiores. Creo que una camisa blanca es lo más elegante que puede llevar un hombre. Creo en las mujeres que derrochan simpatía. Creo en Brown Eyed Girl. Creo en el crujir de los hielos cuando te sirves una copa. Creo en los hermanos Coen. Creo que todos tenemos dentro un guardián entre el centeno. Creo en las letras de Sabina. Creo que el teatro es el verdadero cine en 3D. Creo que existen pocas cosas mejores que una buena ducha. Creo en Clint Eastwood. Creo que hay que desconfiar de la gente que habla mucho en el desayuno. Creo en el inconformismo: buscar la tarta de queso, el steak tartare o la canción perfectas. Creo en Paul Auster. Creo que dos dry martinis son pocos y tres, demasiados. Creo en el olor a tostadas por la mañana. Creo en las chicas que saben a ginebra, tabaco y lápiz de labios. Creo que algún día viviré en Lisboa. Creo que el imbécil grita y el inteligente calla. Creo que no se puede cambiar de pasión. Creo en las cenas con buenos amigos. Creo que las mejores canciones aún están por llegar. Creo que Charada es una de mis 5 películas favoritas. Creo que Madrid en primavera es insuperable. Creo en Billy Wilder. Creo que el reloj, la forma de estrechar la mano y los zapatos dicen mucho de un hombre. Creo en Pixar. Creo en las películas en versión original. Creo que el vinilo suena mejor. Creo en el Bloody Mary como remedio para la resaca. Creo que no hay nada mejor en este mundo que escuchar a una chica reír. Creo que el café ha de ser negro como el demonio, caliente como el infierno, puro como un ángel y dulce como el amor. Creo que a la tarta de queso le sobra la frambuesa. Creo en las balas perdidas. Creo en la gente que cree. Creo que nos lo vamos a pasar bien. Muy bien. Están todos invitados. Pasen, vean y comenten. El espectáculo está a punto de comenzar…
 
 
 
 
Yo vivía como Robinson Crusoe: era un náufrago entre ocho millones de personas. Hasta que un día vi pisadas en la arena. Y la encontré a usted. El apartamento (1960) – Billy Wilder Creo que fue hace un año. Creo que fue hace un año cuando me presenté por aquí con mi Credo de un vividor. Creo que fue un homenaje a aquel glorioso “Yo sólo creo en Billy Wilder” que soltó Fernando Trueba al recoger el Oscar por Belle Époque. Creo que es bueno no dejar de creer. Creo que nunca me lo he pasado mejor que escribiendo por aquí sobre copas, libros, canciones, chicas fatales, Rolling Stones, risas, restaurantes, bares y noches. Creo que ha sido un año que ha pasado volando. Creo que Tempus fugit. Y tal. Creo que, en cierta ocasión, un tipo muy sabio dijo que si quieres conocer a una persona, no le preguntes nunca lo que piensa, sino lo que ama. Creo que esto es en lo que creo. Y en lo que no. Creo que esto es lo que soy. No creo en los aniversarios. No creo en los que se escudan en la crisis para justificar cualquier barrabasada. No creo en los cornetas del apocalipsis. No creo en “la que está cayendo”. No creo en Gandía Shore. No creo en los que tienen vocación de plañidera. No creo en los que escupen los buenos días. No creo en los Mayas. No creo en la gente que da la mano blanda. No creo en San Valentín. No creo en el Karma. No creo en el reggaetón. No creo en lo políticamente correcto. No creo en Paulo Coelho. No creo en los hombres que se depilan. No creo que la omnipresente reducción de Pedro Ximénez funcione con cualquier plato. No creo en el horóscopo. No creo en el photoshop. No creo en la palabra “maridar”. No creo en los que son antipáticos con el camarero. No creo en los gastrobares. No creo en la silicona. No creo en aquellos que escriben sin tilde su propio nombre. No creo en la carne muy hecha. No creo que haya una melodía más insoportable que Marimba. No creo en Lost. No creo en los que se comunican mediante gritos. No creo en los que consultan el móvil en el cine. No creo en ninguna de las 50 sombras de Grey. No creo en el libro digital. No creo en esos polos con un caballo elefantiásico en el pecho. No creo en los sitios en los que “está todo el mundo”. No creo en las felicitaciones por Facebook. Creo que es mejor pedir perdón que permiso. Creo en Johnny Cash. Creo en el lado frío de la almohada. Creo que echar limón a un buen pescado es una blasfemia. Creo en Gardel. Creo en el libro de papel. Creo que la ensaladilla rusa está infravalorada. Creo en el sonido de una máquina de escribir. Creo que la purpurina es un invento satánico. Creo que la vida es demasiado corta como para leer libros aburridos. Creo en El Principito. Creo que lo importante no es caer, sino aterrizar. Creo que todos los días sale el sol, chipirón. Creo que las chicas son guerreras. Creo en las letras de Nacho Vegas. Creo en las hortensias y en los cerezos. Creo en montar las cosas sin mirar las instrucciones. Creo en las viñetas de Quino. Creo en las croquetas de centollo de El Marucho. Creo en Murakami. Creo que es mejor ir al cine solo que mal acompañado. Creo en Chandler Bing. Creo que las Crocs son un atentado estético. Creo en el humor de Jardiel Poncela. Creo en los que hacen castillos en el aire. Creo que la hora del aperitivo es sagrada. Creo en Asterix y en Obelix. Creo que no hay mayor directo a la mandíbula que el olor de una mujer. Creo más en lo ácido que en lo dulce. Creo en las camisas por fuera y en las faldas cortas. Creo que Eddie Murphy debería estar en la cárcel por sus últimas películas. Creo en los viajes en tren. Creo que me sé diálogos de memoria de “Solo en Casa”. Creo que esto no puede ser muy normal. Creo en las hamburguesas de HD. Creo en los que se lanzan a la piscina sin mirar la profundidad. Creo que el logo de Cinzano es el más bonito del mundo. Creo en las cenas alrededor de una mesa redonda. Creo en los fados y en los tangos. Creo que una mujer nunca puede ocultar cuando está borracha o enamorada. Creo en las camisas de once varas. Creo en el esnobismo de las golondrinas. Creo en el rock ´n roll de los idiotas. Creo que las Adidas Copa Mundial son las mejores botas para jugar al fútbol. Creo que “We are the Champions” es una horterada. Creo en el slow food. Creo en Xabi Alonso. Creo en Jack Nicholson en Mejor Imposible. Creo que la bisagra que chirría es a la que acaban echando aceite. Creo en Holden Caulfield. Creo que hay chicas con miradas que fulminarían a un rayo. Creo que algún día sabremos adónde van los patos de Central Park cuando se congela el lago. Creo en las corbatas de lana. Creo en la tenacidad de Sísifo. Creo que me gustaban más los bares cuando se permitía fumar en ellos. Creo en Bruce Willis. Creo que los tertulianos políticos son políticos de tertulia. Creo que el champán que mejor sabe es el que se bebe directamente de la botella. Creo en los pantalones de pijama con bolsillos. Creo en las jodidas historias de amor y en las historias de amor jodidas. Creo que nuestras vidas son cartas de una baraja rota. Creo que Gabrielle de The Nips es la Canción Perfecta Creo que lo mejor está por llegar. Y creo en Billy Wilder, por supuesto. Gracias por estar ahí.

09 febrero, 2014

Marlango "Lo que sueñas vuela" (A Solas 2012)

Vals para un domingo na aldea

Os domingos con chuvia na aldea teñen un regusto a infancia ,a lune na lareira, á cociña de mamá...Esa burbulla na que me instalo cómodamente, allea por completo ao que sucede fóra, pero tamén, e sobre todo, ao que sucede dentro de min. Non hai dor, nin apenas unha revolución interior, tan só unha tranquilidade doce , como un arrullo de brazos amorosos : a calor do fogar. Os domingos na aldea non son como todos os domingos , xa non son feridas no medio da semana, como me dixo unha vez Miguel ( aquel Miguel que me quixo como puido e que non saiu ben) , son un paréntesi nos días grises de tristeza, nos acontecementos rutinarios, na puta vida á que nos enfrentamos cada día.

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 Non quero pensar en nada. Chove,e eu miro a chuvia tras os cristais empañados da cociña. Aparquei o móbil para non ter que recibir ningunha información que chegue do exterior destas catro paredes que agora me serven de refuxio. Non quero pensar no que perdín, nin siquiera no que gañei mentres perdía. Nin nos meus desexos ocultos, que están todavía dormidos esperando o momento de manifestarse coa contundencia das verdades absolutas. Non quero pensar en volver, nin en namorarme, nin en saír correndo, nin en botar a vista atrás. Quero descansar nos minutos de silencio e baleiro, coa caricia do pelo dos meus cans percorrendome as pernas, con música lenta adormencéndome, con promesas que penduran dos soños, que poden agardar a mañá...que poden agardar a mañá.



Miley Cyrus - Wrecking Ball (Subtitulada Al Español) Video Official

07 febrero, 2014

¿Por qué le pedimos peras al olmo cuando el olmo lo que da son sámaras?

Hace años, iba yo a la psicóloga y un día me dijo que iba a descubrirme el gran problema que tenía, foco de tanta frustración y tanta infelicidad. Me dijo, “No le pidas peras al olmo, porque el olmo peras no da. Piensa, descubre… que es lo que da el olmo, y pídele eso”


Lo primero que hice fue enterarme de que el olmo da un tipo de fruto en el que se desarrolla un ala aplanada de tejido fibroso y papiráceo a partir de la pared del ovario y que se denomina sámara. Sámaras, eso es lo que da el olmo y por lo tanto es lo que se le debe pedir, y sólo y únicamente lo que se debe esperar del olmo. Porque si nos pasamos la vida esperando que el olmo nos de peras, no solamente no conseguiremos peras en la vida, sino que además no conseguiremos ninguna otra cosa. Pero si al olmo le pedimos lo que puede por su naturaleza darnos quizás no nos estemos equivocando tanto y lleguemos a recibir lo que esperamos. No se trata de no pedir las cosas, de no tener paciencia, sino de pedir y tener paciencia con cierta base de racionalidad y realismo. No le pidas peras al olmo, pídele sámaras. Puede que así obtengas sámaras o no, pero por lo menos tu paciencia, tu dedicación y tu espera tendrán sentido y no conducirán irremediablemente a la frustración.

04 febrero, 2014

A circunstancias fixeron que coincidiramos de novo na mesma oficina, asi que agora , dez anos despois compartimos o mesmo espacio todas as mañáns, e pasados xa algún meses desde a miña reincorporación, todo comeza a cobrar un ritmo rutinario, cómodo e natural , no que os dous comezamos a reencontrarnos de novo.
 
 
 
Entro no seu despacho e coa naturalidade de sempre debuxo una taza de café nun post-it e agardo uns segundos o seu xesto afirmativo. Sen decir nada marcho, e de alí a uns minutos, asoma a cabeza pola miña porta, xa co abrigo posto , e dime ¿vamos? Son rituais sinxelos, que de por tan repetidos no pasado convertíronse en parte do noso xeito de comunicarnos. Logo vamos a un café, eu deixo que elixa el porque coñezo as súas manías á hora de encontrarse cómodo nun bar, e polo mesmo, e en parte  porque a min dame igual, cambiolle o sitio una e outra vez, ata que o vexo convencido de que a súa ubicación é armónica co karma e co universo. Tamén esto me recorda ao que fumos no pasado sin remover por dentro as miñas nostalxias, quero dicir, recoñézoo nestes pequenos detalles e ao mesmo tempo recobro neles a ledicia doutro tempo, cando nos queríamos. Supoño que agora todo é moito máis fácil, porque de xeito expontáneo brota a conversa e a risa, e o tempo pasa veloz e a nosa esquiniña no bar vaise quedando cada vez máis e máis illada, como si non estivese alí ninguén máis.
 
Así de sinxelo foi recoñecernos, e a esto me refiro eu cando falo de recoñecer a un antiguo amor despois de pasado moito tempo: á naturalidade que se instala nas cousas cotiás e que te leva sin pensalo aos mesmos instantes que acostumbrabades a compartir. Tamén no humor , nese humor que nos facía tan cómplices encontro parte daqueles días de fai xa vinte anos, e si o penso , na forma de mirarnos cando discutimos sobre calquera tontería. Porque o certo é que en ningún momento durante todos estes anos deixamos de mirarnos, de suxeitarnos dalgún xeito, en silencio , cando algún dos dous tiña un problema, de comunicarnos sin falarnos ,cunha telepatía extraña que nos mantivo unidos como un fío invisible que nunca puidera romperse.
 
Pero non me interpretedes mal, o amor rematou xa fai moito. E non foi nada fácil sair daquela espiral de bágoas, ansiedade , celos e loucura na que se convertiu o noso nos últimos tempos da relación. Pero , por riba daquel amor que se foi esnaquizando entre lexatines e cansancio, quedou entre nós un cariño sincero, distinto á amistade, pero quizais moito máis sólido e inquebrantable.

23 enero, 2014

Da nosa vida forman parte de xeito incuestionable determinadas persoas ao longo dos anos. Primeiro os nosos pais, avós, irmás...que nos acompañan dende que nacemos e cos que manteremos sempre ese vínculo intacto, como si nunca nos acabásemos de facer adultos de todo. Logo están os amigos primeiros, os do colexio, que conseguen entrar na nosa vida cos primeiros xogos ata que sin que nos demos conta convírtense en persoas imprescindibles no noso desenvolvemento persoal. Na universidade facemos as verdadeiras amistades, as máis sólidas  quizais, esas que xa conscientemente escollemos como máis afíns a nós e aos nosos intereses. Son amistades que se van consolidando en pisos compartidos , en bares, en conversas que podían durar noites enteiras. E finalmente están os demais amigos que vamos facendo no camiñar real da nosa vida, agora sí , cando somos por fin serios e responsables, e acudimos cada día ao traballo e pagamos hipotecas. Son amigos máis recentes, ás veces circunstanciais, coñecidos na oficina ou nas clases de pilates, que entran a formar parte do noso escenario pola necesidade que temos de comunicarnos, para evitar a soedade que significa ter aos amigos de sempre desperdigados polo mundo, labrándose  cada un a súa propia aventura vital.
E neste panorama de construcción de amistades, moitos vanse perdendo polo camiño, polo simple paso do tempo, pola distancia, pola desidia...Mentres que hai outros que parecen inmunes a calquera tipo de contratempo, que salvan todas as barreiras, e que da igual o tempo que pase ou os kilómetros que se poñan de por medio, que no momento crucial do reencontro recobran o cariño e a confianza que os mantivo unidos dende o principio.
O mesmo pasa cos amores pasados, eses amores perdidos ao longo do noso percorrido, que non puideron ser, e que ás veces incluso nos deixaron profundamente feridos. Hai amores que se olvidan , que se borran para sempre, que non deixan nin rastro daquel sentimento que nalgún momento chegou a trastocalo todo. E hai outros, que simplemente quedan latentes nalgunha parte do noso corazón, expectantes, á espera de que calquera mínima chispa os faga rexurdir. Eses amores, ao fin e ao cabo os bos amores, son parte da nosa vida de xeito incuestionable, e para sempre.

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Voltei á oficina despois de moito tempo, non importa aquí o motivo das voltas que deu a miña vida profesional , o caso é que voltei e lembraba perfectamente que él me feriu, que decidín un día apartalo da miña vida para sempre, que incluso decidín deixar de falarlle. Pero o tempo pasa, e ás veces o tempo fainos esquecer a dor, e mesmo o rencor que algunha vez sentimos.
Un día baixei a garda e mireino fíxamente aos ollos. El tamén me mirou. E de repente éramos os mesmos que fai xa doce anos, éramos nós, os que nos coñeciamos tan ben, os que nos quixeramos tanto...E entón comezamos a buscarnos. Non buscarnos con ningunha pretensión clara, tan só para poder sentir de novo no medio de todo aquel barullo de reclamacións, faxes e fotocopias un pouco do cariño antiguo que tanto nos arroupara noutros tempos. E a medida que nos buscábamos -pequenos momentos, apenas minutos- falábamos coa naturalidade coa que falan os amigos íntimos que nunca deixaron de selo, os amigos que se coñecen tanto que poden falarse sin falar, como si estivesen unidos por un fío ou tivesen certa telepatía. Nas convesas que mantivemos ao principio comezamos a sentirnos cómodos, como si de pronto voltasemos a un lugar familiar e acollledor que sempre nos estivera esperando. E voltou a risa, a charla amena, a literatura como telón de fondo de conversas  e mesmo a poesía, como sempre , pululando entre as nosas palabras e os nosas olladas .
Hoxe tomamos o primeiro café xuntos desta nova etapa da nosa andadura como amigos reconciliados sin necesidade de ter que reconciliarse. Non falamos do pasado, nin dos problemas da oficina, nin dos compañeiros, nin de nós memos siquiera. Falamos do que falaría calquera par de amigos que se ven todos os días , rindo e disfrutando, como si nunca tivese existido un tempo entre os dous no que non nos recoñeciamos.
Estabamos sentados ao sol, nunha terraza ao lado do traballo. Si, ao sol. Leva casi un mes chovendo sin parar, pero hoxe facía sol. Sempre nos gustara andar xuntos de terrazas, e parece que eso non cambiou. Parece que non cambiou absolutamente nada. E nese intre, mentres estaba alí sentada, co sol dándome na cara e probándome as súas gafas de sol, tiven a certeza absoluta de que él formaba parte da miña vida por moitas cousas que sucederan entre os dous no pasado, e por moitas cousas que cheguen a suceder no futuro. Ameino, ben o saben os meus amigos. Pero por riba daquel amor, de toda a historia que tivemos, existe entre nós un lazo moito  más profundo  de confianza e cariño que non conseguiu erosionar nin o tempo nin outras mil cousas que pasaron.