01 noviembre, 2010
Trouxen na maleta,
olor a humidade dun hostal e
a chuvia toda dunha cidade nas pupilas.
Trouxen unha bufanda con cheiro
a perfume caro de home,
e uns bicos con olor a fracaso,
e unha conversa longa sobre
a incomprensión da humanidade,
e os balcóns dun conde
nunha noite de Halloween...
Trouxen un abrazo de despedida,
un "non cambies nunca"e
un "non che conveño".
Trouxen as respostas e deixei as preguntas
na barra dun bar, nunha esquina da plaza Maior,
nun coche cheo de monstruons inofensivos,
na cidade enteira, en cada recuncho...
coa felicidade palpitando na memoria
como unha certeza extraña e inexplicable.
olor a humidade dun hostal e
a chuvia toda dunha cidade nas pupilas.
Trouxen unha bufanda con cheiro
a perfume caro de home,
e uns bicos con olor a fracaso,
e unha conversa longa sobre
a incomprensión da humanidade,
e os balcóns dun conde
nunha noite de Halloween...
Trouxen un abrazo de despedida,
un "non cambies nunca"e
un "non che conveño".
Trouxen as respostas e deixei as preguntas
na barra dun bar, nunha esquina da plaza Maior,
nun coche cheo de monstruons inofensivos,
na cidade enteira, en cada recuncho...
coa felicidade palpitando na memoria
como unha certeza extraña e inexplicable.
29 octubre, 2010
Imagino
Imagino mi vuelta,
tu instalándote en mi vida
con la misma tranquilidad con
la que yo pongo en marcha los
engranajes de la vieja bicicleta.
Ese ritmo sosegado del otoño
que comienza a deshojarlo todo,
dejar desnudos los árboles y
nuestros cuerpos, como la primera vez.
Imagino que tu todavía eres joven,
lo suficientemente joven, quiero decir,
como para embarcarte conmigo en
una vida de verdad, a medias,
como hicieron las cosas nuestros padres y nuestros abuelos.
Ya sabes, dormir juntos, plantar patatas
aventurarnos a la paternidad
con el mismo miedo que deben sentir los adolescentes
ante tal complejidad de las cosas.
Y el tiempo pasando como un arrullo suave
sobre los asuntos cotidianos,
sin que nos pese la costumbre,
ni las discusiones frente al televisor encendido,
ni los platos sin lavar, ni los días que no
nos apetecen los besos.
Imagino que llego,
que tu no te resistes, desde el primer momento
a una vida en común,
con malentendidos y catarros,
con la certeza irreductible de que
nos hemos amado siempre.
Y siempre es cuando yo aún era una niña,
y tu me ibas a buscar al colegio,
y te sobrecogía mi timidez extrema,
mis ojos enormes que destacaban
en mi físico enfermo.
Era una niña triste, pensabas.
Y siempre es cuando me miraste
por primera vez de manera distinta,
ganaba el partido socialista unas elecciones generales,
y a los dos nos apasionaba la política.
Mis ojos, siempre fueron mis ojos....
Imagino como deshago la maleta,
como voy colocando con gesto familiar
pequeños detalles de mi vida de ahora
en la casa de mi infancia, y la hago nuestra,
nuestra porque así lo hemos acordado previamente.
No creo que haya mucho más,
tú me acompañarás al hospital
cuando me coloquen mi tercer marcapasos
y yo te pediré cada día que no bebas tanto,
que dejes de fumar, que no te subas al andamio,
que ya vas viejo, te diré, cariñosamente.
Imagino que puede ser,
yo llegando a tu vida para quedarme,
tu dejando tus complejos de bohemio solitario,
para bailar conmigo
como el día aquel, desnudos y felices
"porque el amor que no muere mata/
y amores que matan nunca mueren"
tu instalándote en mi vida
con la misma tranquilidad con
la que yo pongo en marcha los
engranajes de la vieja bicicleta.
Ese ritmo sosegado del otoño
que comienza a deshojarlo todo,
dejar desnudos los árboles y
nuestros cuerpos, como la primera vez.
Imagino que tu todavía eres joven,
lo suficientemente joven, quiero decir,
como para embarcarte conmigo en
una vida de verdad, a medias,
como hicieron las cosas nuestros padres y nuestros abuelos.
Ya sabes, dormir juntos, plantar patatas
aventurarnos a la paternidad
con el mismo miedo que deben sentir los adolescentes
ante tal complejidad de las cosas.
Y el tiempo pasando como un arrullo suave
sobre los asuntos cotidianos,
sin que nos pese la costumbre,
ni las discusiones frente al televisor encendido,
ni los platos sin lavar, ni los días que no
nos apetecen los besos.
Imagino que llego,
que tu no te resistes, desde el primer momento
a una vida en común,
con malentendidos y catarros,
con la certeza irreductible de que
nos hemos amado siempre.
Y siempre es cuando yo aún era una niña,
y tu me ibas a buscar al colegio,
y te sobrecogía mi timidez extrema,
mis ojos enormes que destacaban
en mi físico enfermo.
Era una niña triste, pensabas.
Y siempre es cuando me miraste
por primera vez de manera distinta,
ganaba el partido socialista unas elecciones generales,
y a los dos nos apasionaba la política.
Mis ojos, siempre fueron mis ojos....
Imagino como deshago la maleta,
como voy colocando con gesto familiar
pequeños detalles de mi vida de ahora
en la casa de mi infancia, y la hago nuestra,
nuestra porque así lo hemos acordado previamente.
No creo que haya mucho más,
tú me acompañarás al hospital
cuando me coloquen mi tercer marcapasos
y yo te pediré cada día que no bebas tanto,
que dejes de fumar, que no te subas al andamio,
que ya vas viejo, te diré, cariñosamente.
Imagino que puede ser,
yo llegando a tu vida para quedarme,
tu dejando tus complejos de bohemio solitario,
para bailar conmigo
como el día aquel, desnudos y felices
"porque el amor que no muere mata/
y amores que matan nunca mueren"
25 octubre, 2010
A diario salgo fuera buscando siempre otro camino,
hace mucho he probado todos los senderos de la tierra;
visito allá arriba las frías alturas, las umbrías
y las fuentes; acá y allá yerra mi espíritu,
solicitando paz; tal huye el venado herido en los bosques,
donde al mediodía descansaba otrora seguro en la sombra;
pero ya no le reposa el corazón su verde yacija,
pues doliente e insomne la espina le hace dar vueltas.
No le socorre el día ni le sirve el frescor de la noche,
y en vano baño las heridas en el frescor del torrente.
Y así como en vano le depara la tierra su gozosa hierba
curativa, y ninguno de los céfiros calma su hirviente sangre,
oh amados, ¿ también a mí me ocurrirá así, y nadie
puede quitarme de la frente el triste sueño?
HÖLDERLIN
hace mucho he probado todos los senderos de la tierra;
visito allá arriba las frías alturas, las umbrías
y las fuentes; acá y allá yerra mi espíritu,
solicitando paz; tal huye el venado herido en los bosques,
donde al mediodía descansaba otrora seguro en la sombra;
pero ya no le reposa el corazón su verde yacija,
pues doliente e insomne la espina le hace dar vueltas.
No le socorre el día ni le sirve el frescor de la noche,
y en vano baño las heridas en el frescor del torrente.
Y así como en vano le depara la tierra su gozosa hierba
curativa, y ninguno de los céfiros calma su hirviente sangre,
oh amados, ¿ también a mí me ocurrirá así, y nadie
puede quitarme de la frente el triste sueño?
HÖLDERLIN
24 octubre, 2010
Música lenta nunha tarde de domingo.
Lin un artigo e sorrín. Reivindico a risa como único paraíso posible. Os reloxos poden por min parar hoxe o seu run run de outono. E domingo e eu non teño un nó no estómago, nin bágoas na recámara nin amor desgastado nin desgraciado nin envenenado. Non teño amores que me matan. Xa non morro por amor.
E domingo e teño na memoria -como si fose unha nena- un guiño que me deixa un regusto de dozura pulcra e pueril que enche o domingo de auga que non leva tristura, por unha vez.
Penso nese artigo e ao mesmo tempo lembro ese guiño no medio do monte e da chuvia e da xente e dos amigos e das árbores e das herbas de namorar e das flores de toxo e do azafrán e do mar e dos delfíns, e sábeme o tempo a ledicia. E domingo. Non preciso demasiado.
Lin un artigo e sorrín. Reivindico a risa como único paraíso posible. Os reloxos poden por min parar hoxe o seu run run de outono. E domingo e eu non teño un nó no estómago, nin bágoas na recámara nin amor desgastado nin desgraciado nin envenenado. Non teño amores que me matan. Xa non morro por amor.
E domingo e teño na memoria -como si fose unha nena- un guiño que me deixa un regusto de dozura pulcra e pueril que enche o domingo de auga que non leva tristura, por unha vez.
Penso nese artigo e ao mesmo tempo lembro ese guiño no medio do monte e da chuvia e da xente e dos amigos e das árbores e das herbas de namorar e das flores de toxo e do azafrán e do mar e dos delfíns, e sábeme o tempo a ledicia. E domingo. Non preciso demasiado.
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