10 junio, 2010

Los sabores de la vida

Acabo de ver una película y de descubrir, como si se tratase de una revelación, cual es mi problema. Me faltan sabores. La vida tiene tan sólo cuatro sabores, y a mi me falta uno de ellos. No es que sea más importante ni menos que los otros tres, se trata simplemente de que los cuatro sabores se complementan. Tengo el sabor amargo, vaya que sí lo tengo. Tengo también el sabor agrio. Y tengo de vez en cuando el sabor salado, esa pizca de sal que me hace muchas veces levantarme de la cama, o que me mantiene en vela noches enteras, o que me hace tomar trenes y autobuses sin importarme los kilómetros ni las horas que dure el viaje. Pero me falta el sabor dulce, y por eso no soy feliz. Los cuatro sabores de la vida, qué sencillo era. El sabor dulce ...ni siquiera sabría definirlo, y a veces incluso temo no reconocerlo cuando lo saboree en mi paladar. ¿ Qué será lo dulce?
Ahora que se cual es mi problema, emplearé las horas que me restan para buscar ese sabor...hasta encontrarlo.

08 junio, 2010

Watashi no meishi des


"Es bastante cierto que los japoneses son incapaces de sentarse, hablar o beber con otras personas hasta que no están razonablemente seguros del lugar que ocupan en la jerarquía. Es en ese contexto social donde se desarrolla la práctica de intercambiar tarjetas de visita ( o algo similar), llamadas meishi. El intercambio de estas meishi es un ritual que sirve para que nadie se sienta ofendido por otro que no toma en consideración las indicaciones de estatus que hay en la tarjeta.( Con toda probabilidad, una de las primeras expresiones que aprenderá un extranjero es Watashi no meishi des: ´aquí tiene mi tarjeta de visita ´.)Una vez que se han establecido entre los presentes los indicadores relevantes de estatus ,como la edad, el sexo, la educación, la ocupación y el lugar de trabajo, lo más probable es que comer, hablar, beber o cualquier otra acción pueda realizarse de una manera ordenada y sin ofender a alguien que espera una mayor deferencia de estatus. "

ESTRATIFICACIÓN SOCIAL Y DESIGUALDAD. Harold R. Kerbo

06 junio, 2010

"me gustaría que me dijeras por qué todos los hombres tienen esa confianza en las puertas, sí , en que se van a abrir, en que pueden cerrarlas...Y volver a entrar después."
*

Me tomé una cerveza y me sentó fatal. Mis cuarenta y cinco kilos me juegan estas malas pasadas, y no termino de acostumbrame. Antes una caña era el paraíso, ahora se convierte más en limbo que en otra cosa, porque pierdo el contacto con la realidad, me mareo, me desestabilizo, me entra sueño y a veces ganas de llorar.
El domingo me está jodiento. Casi siempre -salvo casos muy excepcionales- los domingos acaban jodiéndome de uno u otro modo, es cuestión de dejar pasar las horas para que todo se escaralle los domingos. Pero hoy ha empezado pronto el domingo a quitarme de mis planes, y lo que más me jode es que me empieza a dar igual.
Me fui a los columpios de la Alameda. Hacía años que no pisaba con tal consciencia esa Alameda pontevedresa y más años aún que no me sentaba en un columpio. Me sorprendió ese cosquilleo en el estómago al subir y bajar, ¿cómo le llamábamos a eso de niñas? Me mareé un poco, pero creo que tuvo culpa la cerveza. O la edad, quien sabe. Hay ciertas edades en las que ya no es que el ayuntamiento prohiba que utilices las atracciones de los parques infantiles, sino que es tu propio cuerpo el que te dice que no está para esos trotes. Me colgué luego de unas argollas de hierro e intenté trepar por una cuerda trenzada, y luego caminar por una especie de escalera hecha de cadenas. Casi me mato. Me disloqué un brazo seguro y me rompí el pantalón en las rodillas. La infancia que no tuve, cojones: destrozarme los pantalones en los parques haciendo el cafre.
*



Este mareo es una mierda. Es lo peor de la borrachera sin lo mejor. Sin la chispa, sin la gracia, sin las ganas de comerme el mundo o de follarme a cualquiera que esté medianamente bueno y huela bien.
*


Ayer discutí de política en un bar con un tipo de derechas que me agarraba la mano en plena discusión, y la confrontación de opiniones al tiempo que hacíamos manitas me iba poniendo muy cachonda, hasta que el muy burro me suelta que" la hija de mi parienta de diez años..." sí, lo dijo así mismo, hasta utilizó el término parienta, que para mi es cien mil veces peor que planear votar a Rajoy en las próximas elecciones. Pero , ¿ no estábamos ligando, pedazo imbécil? Pues igual sí, pero aquí ya no se respeta nada y todavía los hay que creen que te ponen las novias, como si el hecho de tener novia y estar dispuestos a pesar de eso a ponerle los cuernos contigo fuese una especie de reconocimiento a tus encantos personales. Pedazo imbécil.
Vamos que me piré porque a mi las novias ya me tienen un poco hartita. Bueno, ellas no, pobres, que bastante aguantan ya. Más bien ellos , hablando de sus novias mientras acarician tu tripita, para luego decirte qué bien estás, que qué guapa eres, que si "mi amor, mi cielo, mi vida" mientras se la chupas...Regla número uno: huír de los casados, de los con novia, de los comprometidos, de los ocupados vamos.

05 junio, 2010

Tomei o primeiro café da maña co peche da librería Michelena servido nun blog. A partir de ahí parece que todo vai costa abaixo. Ou viña a cousa costa abaixo xa dende onte pola noite. "Podría decirte mil cosas, pero no es mi estilo", así era a súa mensaxe de contundente. Sinceridade ante todo, di él. E a min eso da sinceridade ante todo mezclada co amor , ou mesmo só co sexo , non acaba de convencerme. Porque a sinceridade neutraliza toda posibilidade de conquista, de seducción, de ritual do namoramento. A sinceridade está moi ben cos amigos, pero cando pasas a fronteira prohibida dos bicos a media tarde nun sofá, mentres Jorge Javier Vázquez se empeña en sacar do armario a medio país, pois a sinceridade perde a súa relevancia. Non, cariño, non quero que sexas sinceiro nunca máis, quero que me mintas, que me digas que son a única muller do mundo, a máis fermosa, que nunca miras os cús doutras mulleres cando pasan e que ainda que hoxe tes que ir a traballar porque te chamaron a última hora o que máis desexabas do mundo era fundirte comigo nunha tormenta de bicos e promesas que nunca íamos cumprir.
Qué facilidade ten para estropealo todo, así , cun sms, coma si tivese quince anos. Porque eu permito que os homes o escarallen todo a determinades idades pero con certa dignidade correspondente ao anos que teñen. Cunha chamada, por exemplo. Pero cando un home de trinta se comporta como un rapaz de instituto, ainda que sexa para darme calabazas, pérdeme de súpeto o seu encanto e xa pode mudar unha e mil veces de discurso, arrepentirse e mesmo cantarme serenatas no balcón cada noite que o mal xa está feito de por vida. Un niñato será sempre un niñato.
Casi prefiro ao dos calzóns caídos, que polo menos non di nada. Toma cañas ata que se sinte o suficientemente borracho para demostrar aos seus amigos que os quere -esa é unha das fases da borracheira, exaltación da amistade máis nada- e entón síntese o suficentemente liberado para levantarse e bicalos como si o seu universo enteiro dependese deses lazos de amistade, e desas cañas que lle permiten tal xesto liberador.
E eu , ainda que pensen moitas outras cousas, son mera espectadora deses cuadros que toman vida ante os meus ollos. Porque no fondo dame igual o que lles pase, o que sintan ou o que pensen. Gustaríame que as cousas fosen diferentes, por suposto que sí, pero non pretendo cambiar a realidade nin sufrir por estas tonterías. Xa non.
Hoxe o día está pesado. Os meus párpados tamén e iso que durmín dez horas. Tomei a firme determinación de non dar a ninguén segundas oportunidades. Sinceridade ante todo. Pois moi ben, a min os homes sinceiros non acaban de convencerme , así que , que se meta a súa sinceridade por onde lle pete, que eu plántome aquí. Pero non me planto por sms, nin siquiera cunha chamada de teléfono. Plátome neste blog que ninguén lé -él menos ca ninguén porque nin coñece a súa existencia- e despois tan só quedará silencio entre os dous e un sorriso cínico cando me pregunte o día que nos atopemos pola rúa de casualidade por qué non contestei ás súas chamadas. Porque chamará, unha, duas , tres e cen veces. E chamará cada noite que saia de marcha , cando tódolos bares estén xa pechados e a noite o empuxe á cama só e borracho, cando bote de menos a miña pel para curar a sú resaca.E unha das leis universais.

04 junio, 2010

Que aburrimento, voltar sempre sobre os meus pasos, e ao mesmo tempo faiseme inevitable. Calquera predra no camiño supón un tropezo, un andar cara atrás. Reconstruír dentro da reconstrucción para non sairme do camiño trazado, a destrucción total da miña vida presente.
Repetir unha idea, di a miña psicóloga que funciona moi ben en psicoloxía. Eu fágolle bastante caso, que para eso estudiou a muller unha carreira e acadou o seu propio despacho na Casa do Mar de Mollabao. Parece unha muller feliz, a miña psicóloga. Desas que deben de recordarlles ás súas amigas de corenta anos que tiraron a súa vida pola borda pero que non pasa nada, que ainda están a tempo de recomezar, e que ela estará ahí dándolles apoio de amiga-psicóloga para o resto dos seus días. Como amiga debe de ser un coñazo. Porque aos amigos pídeslles, ou esperas deles que che falen dende os sentimentos, pero xamais soportarás que che falen dende a razón. A razón que poidan levar os teus amigos non vale nada, e menos cando o que precisas non é un bó consello, senón un bó abrazo.
Os amigos deberían abrazar máis e falar menos. Falan demasiado e chega un momento no que xa nonos escoitas, porque che din o que xa sabes pero , que sí, que a teoría está moi ben, pero non se resolve todo con raices cadradas e non todo é dous máis dous, e ás veces só temos un muro diante co que bater a cabeza unha e outra vez. Ben vexo o muro, e sigo a darlle coa cabeza, e tan só espero que os meus amigos estén ahí para cando sangren as feridas, sin decir nin unha soa vez "xa cho dixen".
*
Esta vez si que me mostro optimista. Esta vez sí porque o seu nome gustoume moito e gustoume ainda máis a súa retranca. Nunha hora soupen que a intelixencia sutil o facía tremendamente atractivo e que ese home sin a súa cabeza pasaría totalmente desapercibido, pero que ao abrir a boca, non quedaba máis remedio que escoitalo. Con certa gracia desacreditaba ao contrincante nunha loita de seducción que se libraba na terraza dun bar. O seu amigo guapo desplegaba o seu sorriso profident (marabilloso despois de anos de aparatos metálicos nos dentes) e mostraba músculos con certo grado de primitivismo. E él, sin perder a calma, cun falar relaxado e retrancoso, desinflaba aquela musculatura e ganáballe unha e outra man.
¿A cal dos dous lle tirabas fichas? me preguntou unha amiga. E eu respondín que aos dous, lóxicamente. Porque era digno de ver aquel espectáculo, aquel duelo de titáns no que cada un se batía coas súas armas máis poderosas. A palabra frente ao sorriso, a intelixencia frente a beleza.

02 junio, 2010

Estoy de nuevo pensando en el chico de los pantalones caídos. Me parto de la risa. Seguramente le veré esta noche en la misma terraza del mismo bar con los mismos amigos y la misma cerveza. Qué monotonía. O puede que yo cambie de bar y entonces no le vea, y no sucederá nada porque no me muero de ganas de verle. Mi novio - sí, es real, ojalá me lo hubiese inventado- escarba en mi corazoncito tratando de encontrar remordimientos. Que no, pesado, que no. Que no siento remordimientos. Creo que empieza a darse cuenta de que me importa una mierda, el muy listo. Pero mañana le suelto un "mi amor" y lo tranquilizo. Todavía no hemos llegado a la fase de los "te quiero" y ya estamos dejándolo sin necesidad de decir nada. A veces el amor se salta alguna fase. La última vez que dejé a un novio novio simplemente le dije que necesitaba un tiempo, y de esto ya han pasado cuatro años. Andará por ahí el muy cerdo poniéndome los cuernos.
Luego está el tema de mi vida por los aires. Aún no, aún no ha volado todo por los aires pero ya queda menos. Necesito que quede menos para la gran detonación. Babum¡¡¡¡¡¡¡ No me llega la hora.
***
SOS: que desaparezca esta nostalgia que se confunde con junio, con todos los junios de mi vida. Jacobo siempre dice que la primera semana de junio hace calor, este año no se ha equivocado. Y yo habría pagado para que esta vez se equivocase porque este calor me está llevando a sitios donde no quiero ir. Tengo la casa llena de palabras que se quedaron perdidas por los rincones hace mucho tiempo, alguna lágrima también. Afortunadamente la nostalgia tiene un nombre y guarda cierto orden dentro de mi cabeza. Los recuerdos no se agolpan con la única intención de asfixiarme, en eso aún están siendo generosos. Vienen, revolotean a mi alrededor, me recuerdan que aquello a pesar de todo era vivir, y se marchan por donde vinieron para que continúe con mi plan.
***
"Que tengas un buen día" Recibí este sms en mi móvil y me pareció del todo intolerable. Que tengas un buen día se le dice a la cajera del supermercado cuando te sonríe y te da el cambio. Se le dice al viejecito con el que coincides cada día en el puesto de periódicos, se le dice al taxista cuando te ayuda a sacar la maleta del maletero...Pero a una tía que aún tiene agujetas de los polvos que echastéis no se le dice, capullo.
En estas cosas soy implacable: "Después de esto no me queda más remedio que retirarte la palabra"
Y es que se me ocurren formas mejores de decirle a alguién que se de la vuelta y no vuelva a molestarte jamás.
Estoy reconstruyendo mi vida. O al menos eso creo. Claro que para reconstruír algo primero hay que destruírlo por completo, y en esa fase estoy de la reconstrucción, en la destruirlo todo. Estoy destruyendo mi vida.
He tomado una decisión. Irrevocable. ¿Irrevocable? Me gustaría creer que sí, que no hay vuelta atrás, que esto es el principio del fin y que no se hable más. Hoy me duele la cicatriz del marcapasos, debí de hacerme daño follando, me pasa amenudo. Duele. El marcapasos acaba por clavársete en tu propia carne , te hace contusiones y derrames en la piel, desde dentro hacia fuera. Se incrusta a veces entre los huesos. Todo por malas posturas, movimientos inadecuados.
Estoy leyendo un libro que me motiva mucho, eso es indudable. Me contagia optimismo y cierto grado de libertad extra, de sentimiento extra de libertad, mejor dicho. Soy mía y de nadie más y destruyo mi vida como quiero. Alguna vez he pensado que ya soy mayor para destruír mi vida, para decidir de la noche a la mañana que todas las decisiones que tomé hasta el día de hoy fueron equivocadas y que debo dar una patada a todo y empezar de cero. Pero luego lo pienso mejor y veo que empezar de cero no es para tanto, sobre todo si no te queda otra. Si un terremoto arrasa tu casa, mata a tu familia , destruye tu empresa y en general la economía al completo del país en el que vives, no te queda otra que empezar de cero o morirte. Tengas la edad que tengas.
Lo difícil no es empezar de cero, sino hacerlo por decisión propia. Lo difícil es ponerse a destruír una vida como si te sobrase el tiempo. Por eso hoy me siento muy orgullosa de mí.
Para destruír una vida lo primero es tranquilizarse, y no hacerlo todo a tontas y a locas, que luego recoger los escombros y limpiar es mucho más díficil. Tranquilizarse. Estoy en ese punto. Me estoy tranquilizando. Por eso me pongo flores en el pelo y hago abdominales matutinas y como mucha fruta, para tranquilizarme. Para darme ánimos a mi misma.
Pero junio no me está sentando bien, y eso que llevamos dos días nada más. Me atormenta una nostalgia inesperada de la que tiene la culpa el mismo libro que me inspira y me motiva. Jorge se instaló en mi cabeza de nuevo. Tengo que colocarlo en algún sitio y continuar. Pero este calor, por las tardes sobre todo, me recuerdan tanto a nuestros encuentros sexuales. Y pienso en su piel, en su sudor, en su forma de besarme entre ardiente y patoso. Se atropellaba a veces con tanto deseo. Creo que no le quería, pero me había acostumbrado a su cuerpo, a sus ojos azules, a su forma de acariciarme la cabeza.
No. El pasado tenía que estar ya en otro sitio, colgado de las paredes a modo de retrato, o guardado en la cajita del marcapasos junto cuatro tonterías más. Pero me empeño en recordarle y en pensar que le quería. En creer que él también me quería. Pero lo peor es cuando me da por pensar qué estará haciendo él ahora, cómo mirará a su bebé , con qué ternura le cogerá entre los brazos, y cómo hará el amor con su mujer, con qué frecuencia y con qué ganas. Es una forma como otra cualquiera de torturarme, y no me ayuda a tranquilizarme. Es un paso atrás en mi proyecto de destrucción de mi vida.
Creo que me hice un poco frívola. O me cansé de pensar en los otros, de dar abrazos sinceros, de entregarme. Ahora finjo que me entrego, y lo hago muy bien. No doy amor porque no me siento capaz, pero tampoco me interesa demasiado recibirlo. Me gusta ese chico que lleva los pantalones caídos, llegándole a las rodillas. Ya no tiene edad, pero supongo que mantiene la dignidad haciéndonos creer a todos que es su estilo. Si lo pienso bien me parto de la risa. Me contó no se qué historias de que estaba anclado en un amor de su pasado, que estaba enamorado de su exnovia. Una excusa perfecta para mandarme a paseo, para decirme que no le gusto, que un polvo bien, pero que tampoco vamos a hacer ningún drama de esto. Y me pareció una forma tan poco original de mandarme a freir espárragos que creo que le perdí un poco el respeto. No me gusta la gente que no es original. O al menos la que no finge serlo. Fingir, creo que en el fondo esta es la clave de nuestro mundo. No importa lo que las cosas son, sino lo que parecen. No importa que me quieras, tiene que parecerlo. Cada día me convenzo más de esto, de que hay que empezar por fingir para que luego terminen siendo las cosas de esa manera. O de otra, da igual.
El caso es que me gusta, a pesar de todo. A pesar de sus pantalones y de su forma de decirme que no. Aunque a veces parece que me dice que sí, o que quiere decirme que sí, pero aún no lo sabe. Y a mi eso ya no me importa ,porque hace mucho tiempo que aprendí a querer sin que me quieran, y aprendí también que lo que los demás sientan por mi o dejen de sentir, nada tiene que interferir en mis sentimientos.
No le espero. Ni a él ni a otro. Eso iría en contra de mis planes de destrucción. Eso sería construír, y para empezar a construír debo destruirlo todo primero. Que no quede absolutamente nada.