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02 junio, 2010

Estoy reconstruyendo mi vida. O al menos eso creo. Claro que para reconstruír algo primero hay que destruírlo por completo, y en esa fase estoy de la reconstrucción, en la destruirlo todo. Estoy destruyendo mi vida.
He tomado una decisión. Irrevocable. ¿Irrevocable? Me gustaría creer que sí, que no hay vuelta atrás, que esto es el principio del fin y que no se hable más. Hoy me duele la cicatriz del marcapasos, debí de hacerme daño follando, me pasa amenudo. Duele. El marcapasos acaba por clavársete en tu propia carne , te hace contusiones y derrames en la piel, desde dentro hacia fuera. Se incrusta a veces entre los huesos. Todo por malas posturas, movimientos inadecuados.
Estoy leyendo un libro que me motiva mucho, eso es indudable. Me contagia optimismo y cierto grado de libertad extra, de sentimiento extra de libertad, mejor dicho. Soy mía y de nadie más y destruyo mi vida como quiero. Alguna vez he pensado que ya soy mayor para destruír mi vida, para decidir de la noche a la mañana que todas las decisiones que tomé hasta el día de hoy fueron equivocadas y que debo dar una patada a todo y empezar de cero. Pero luego lo pienso mejor y veo que empezar de cero no es para tanto, sobre todo si no te queda otra. Si un terremoto arrasa tu casa, mata a tu familia , destruye tu empresa y en general la economía al completo del país en el que vives, no te queda otra que empezar de cero o morirte. Tengas la edad que tengas.
Lo difícil no es empezar de cero, sino hacerlo por decisión propia. Lo difícil es ponerse a destruír una vida como si te sobrase el tiempo. Por eso hoy me siento muy orgullosa de mí.
Para destruír una vida lo primero es tranquilizarse, y no hacerlo todo a tontas y a locas, que luego recoger los escombros y limpiar es mucho más díficil. Tranquilizarse. Estoy en ese punto. Me estoy tranquilizando. Por eso me pongo flores en el pelo y hago abdominales matutinas y como mucha fruta, para tranquilizarme. Para darme ánimos a mi misma.
Pero junio no me está sentando bien, y eso que llevamos dos días nada más. Me atormenta una nostalgia inesperada de la que tiene la culpa el mismo libro que me inspira y me motiva. Jorge se instaló en mi cabeza de nuevo. Tengo que colocarlo en algún sitio y continuar. Pero este calor, por las tardes sobre todo, me recuerdan tanto a nuestros encuentros sexuales. Y pienso en su piel, en su sudor, en su forma de besarme entre ardiente y patoso. Se atropellaba a veces con tanto deseo. Creo que no le quería, pero me había acostumbrado a su cuerpo, a sus ojos azules, a su forma de acariciarme la cabeza.
No. El pasado tenía que estar ya en otro sitio, colgado de las paredes a modo de retrato, o guardado en la cajita del marcapasos junto cuatro tonterías más. Pero me empeño en recordarle y en pensar que le quería. En creer que él también me quería. Pero lo peor es cuando me da por pensar qué estará haciendo él ahora, cómo mirará a su bebé , con qué ternura le cogerá entre los brazos, y cómo hará el amor con su mujer, con qué frecuencia y con qué ganas. Es una forma como otra cualquiera de torturarme, y no me ayuda a tranquilizarme. Es un paso atrás en mi proyecto de destrucción de mi vida.
Creo que me hice un poco frívola. O me cansé de pensar en los otros, de dar abrazos sinceros, de entregarme. Ahora finjo que me entrego, y lo hago muy bien. No doy amor porque no me siento capaz, pero tampoco me interesa demasiado recibirlo. Me gusta ese chico que lleva los pantalones caídos, llegándole a las rodillas. Ya no tiene edad, pero supongo que mantiene la dignidad haciéndonos creer a todos que es su estilo. Si lo pienso bien me parto de la risa. Me contó no se qué historias de que estaba anclado en un amor de su pasado, que estaba enamorado de su exnovia. Una excusa perfecta para mandarme a paseo, para decirme que no le gusto, que un polvo bien, pero que tampoco vamos a hacer ningún drama de esto. Y me pareció una forma tan poco original de mandarme a freir espárragos que creo que le perdí un poco el respeto. No me gusta la gente que no es original. O al menos la que no finge serlo. Fingir, creo que en el fondo esta es la clave de nuestro mundo. No importa lo que las cosas son, sino lo que parecen. No importa que me quieras, tiene que parecerlo. Cada día me convenzo más de esto, de que hay que empezar por fingir para que luego terminen siendo las cosas de esa manera. O de otra, da igual.
El caso es que me gusta, a pesar de todo. A pesar de sus pantalones y de su forma de decirme que no. Aunque a veces parece que me dice que sí, o que quiere decirme que sí, pero aún no lo sabe. Y a mi eso ya no me importa ,porque hace mucho tiempo que aprendí a querer sin que me quieran, y aprendí también que lo que los demás sientan por mi o dejen de sentir, nada tiene que interferir en mis sentimientos.
No le espero. Ni a él ni a otro. Eso iría en contra de mis planes de destrucción. Eso sería construír, y para empezar a construír debo destruirlo todo primero. Que no quede absolutamente nada.

28 abril, 2010

A LUIS QUINTANA... para que vuelvas


Toda revolución se asienta sobre una única palabra: no. El paso del tiempo es inexorable. Desde estas dos verdades -entre otras muchas- se enfrenta a nosotros Luis Quintana subido a un escenario pontevedrés, para contarnos, para cantarnos, que antes las cosas importantes sonaban fascinantes en voces de Epi y Blas. Y desde ahí, desde ese territorio conocido por todos nosotros, que es nuestra infancia, nos habla de generaciones enfrentadas que conviven sin remedio : el tiempo de la consola, el móvil y el sms, frente a aquellas primeras llamadas que se hacían a un teléfono que empezaba por nueve en vez de por seis, y al que contestaba siempre el padre de la chica.

Porque Quintana dibuja como nadie una generación que perdió su juventud pero que no encuentra todavía su sitio en el mundo de los adultos. La generación concebida -o nacida, qué mas dá- en mayo del 75, cuando murió Franco y daba comienzo una nueva época llamada democracia.

Ahonda desde el escenario en la nostalgia, apelando a personajes de la tele, héroes de ficción o antiguas novias que se hacían las estrechas en la hora de las lentas de las discotecas, y entre canción y canción, va desgranando su vida al tiempo que destapa también todos y cada uno de nuestros secretos. ¿Quién no espió alguna vez a su vecina de enfrente? (Yo recuerdo que incluso utilizaba primáticos en un cuarto de estudiante en Santiago de Compostela). ¿Quién no se enamoró de la chica de la farmacia o del chico del supermercado (como fué mi caso)? ¿quién no tiene algún amigo que deshecha apáticamente cualquier plan que se le proponga, quién no ve en el ser amado las siete maravillas del mundo y a quién no le tenblaron las piernas alguna vez cuando alguién le habló de sexo como si le hablase de economía?

Escuchar a Luis Quintana es escuchar el eco de toda una vida que se va esfumando entre los dedos, y al mismo tiempo, sentir esa punzada que sentimos aún los treintañeros, esa punzada que nos hace ver que aún seguimos siendo jóvenes, a pesar de no tener el carnet joven desde hace una eternidad.

Y en martes trece, Quintana supo que el amor no se resistía nunca a abandonarle, y le dijo a esa mujer que se entrenase con el en el amor, y gritó "amarás a Mara" viendo el telediario de la 2, sin sentirse cursi , ni romanticón ni pasado de moda.
Cantó una canción a un baño, exponiendo sublimemente el destino fatal de los baños de los bares de hoy en día -braguitas a la altura de la voz- y supo mejor que nadie comparar el fútbol con la vida.

Y cuando por fin se fueron apagando las luces sobre el escenario, y llegaron los últimos aplausos y la hora de los fans pidiendo autógrafos, una chica -servidora- se acercó pidiendo tan sólo una fotografía con él. Ni dos besos pidió , presa de los nervios como estaba. Ni alabó su conciertazo, su voz ni sus canciones.

Desgraciadamente tuve que marcharme por motivos que no vienen a cuento, con el corazón en un puño y los ojos de Quintana clavados a fuego en mis pupilas. En aquel momento La cabaña era el único paraíso posible, y Luis Quintana el único que podía habitarlo.

La vida es un beso -pensé- e imaginé ese beso que es la vida, ese instante en su boca. Mi corazón tenía una única dirección recta, decidida, implacable. Pero mi cuerpo se dejó vencer por la inercia de las obligaciones de un martes cualquiera, y abandoné La cabaña como quien abandona el último resquicio de felicidad que le ofrece la vida, de una manera imperdonable.

Ya en mi habitación no puedo más que pensar en sus canciones, torturándome escuchándolas una y otra vez, al tiempo que imagino su sonrisa, y lo que es peor, el tacto de sus manos. Y sueño, desde la edad triste a la que él canta y con la que se identifica, que un día cualquiera, a la una en punto de la madrugada, en una discoteca cualquiera, bajarán un poco las luces, sonará una suave canción de Juan Luis Guerra, (por ejemplo "quisiera ser un pez para mojar mi nariz en tu pecera...") y él, Luis Quintana, se acercará lentamente a mi, me tocará en el hombro con un tímido dedo, y me susurrará al oído < ¿bailas? >.

04 febrero, 2010


No tengas miedo...nadie va a morir...
De momento.

23 octubre, 2009

Quizás esta noche no se puede decir nada más; quizás todo está dicho. Toca pisar fuerte, saltar sobre los charcos, escuchar una y mil veces aquella canción que evoca nuestra infancia...La infancia, esa patria impuesta como una condena, como una salvación a veces.


Leí algo esta noche que me hizo recordar cómo es el rostro de la muerte, cómo es todo ese ambiente que rodea a los cadáveres en una casa de aldea. Los muertos se convierten de pronto en muñecos rotos , con el rostro de cera. La ropa parace que siempre les queda grande. Están mucho más viejos.
Cuando murió mi primo -tenía veinticuatro años- recuerdo que llegué al tanatorio un jueves santo por la mañana, con un chubasquero blanco porque llovía a mares, y la primera impresión que tuve fue que mi primo no era aquel que estaba al otro lado del cristal, muerto. Aquel era un muñeco metido en una caja de zapatos, al que le habían partido las piernas. Tenía más , mucho más de veinticuatro años.
Mi abuela fue sin embargo una muerta mucho más simpática. No me dió miedo, ni lástima. Las manos se le pusieron blancas y perdieron la aspereza que tuvieron en vida. La muerte la puso guapa, le dió al rostro la tranquilidad que le faltaba en vida, cuando su cabeza era un hervidero de fantasmas en el que ya no cabía ni la memoria de lo más cotidiano.
Es curiosa la muerte, la única certeza que tenemos sobre nuestro futuro, y sin embargo, nunca pensamos en ella. Somos muy osados, muy necios. Vivimos como si el futuro nos perteneciese, como si el mañana fuese cierto, real , alcanzable. Y perdemos el presente en chiquilladas inevitables.



Hoy tuve un momento que salvó esta noche de ser un auténtico desastre, o una noche más, que para el caso es lo mismo.

21 octubre, 2009

El principio

Me recupero rápidamente de una enfermedad que en un principio me pareció seria, ahora no, qué fácil, a toro pasado...Como todas las cosas de este mundo, que cuando dejan de doler, olvida uno por qué eran tan importantes y por qué fue tan difícil superarlas. La vida es puñetera, a veces más. Hoy no encuentro las palabras precisas para expresar lo que quiero decir, y sin embargo, no puedo huír del teclado, es una condena cruel que no lleva a ninguna redención.
Mi familia se viene abajo, y pensar en ello es algo así como encontrarse de pronto en medio de una pesadilla que no tiene fin, o para ser más precisos, que no tiene un fin distinto de la muerte. Y en medio de tanta herida abierta, mi soledad se convierte en una excentricidad que casi no me puedo permitir, un lujo. Estoy en crisis, una crisis que me abre en canal y me deja expuesta a todo lo mezquino de este mundo, y no puedo gritar mi dolor a los cuatro vientos sin sentirme culpable. Sin sentirme una puta egoísta.

Esta noche tuve un sueño reconfortante, de esos que te devuelven un poco la confianza y que te hacen sonreir al despertar. Mi sueño se confundía con un nombre, con una cara en medio de muchas caras, con unos abrazos. Había besos pasionales y quizás también había sexo. Pero sobre todo había un hombre que últimamente no me sale de la cabeza. He decidido quererme. He decidido tomar las riendas de mi corazón y amar únicamente a quien se lo merezca. En esta nueva etapa he tenido que dejar atrás demasiados quereres imposibles, hombres que no me han tratado bien, pero que sí han recibido mi amor como si les correspondiese por derecho propio. Y en eso ando todavía. Por eso me sobrecoge un poco mi sueño, y su protagonista: un hombre guapo, culto , que no está ni dentro ni fuera de mi vida, pero que hoy se ha colado en mi intimidad de una manera extraordinaria y sorprendente. Parece una tontería, pero lo cierto es que en esta nueva etapa que acabo de inaugurar, él , solamente él , se queda guardado en los cajones de mi memoria , como una parte inquebrantable de mis ilusiones.

12 agosto, 2009

Al final las cosas no resultaron como creíamos, no eran lo que nos contaron. Uno se entera tarde de cómo va esto de la vida, con sus derrotas, sus éxitos, sus desilusiones, sus sueños de verano...Uno se entera tarde de que vivir, morir es lo único que va a suceder, el tiempo que dure es lo de menos. Cuentan los segundos que se beben enteros, sin que existan lágrimas ni vacío. Un día te levantas al lado de la misma persona con la que llevas compartiendo los últimos diez años, su cuerpo es tan conocido como tus cicatrices, y sin embargo, a tu lado en el colchón, no es más que un bulto, una masa de carne fofa que te aburre , que te da pereza mirar, que no te inspira ni pasión ni ternura. Compartes tu día con esa persona, casi parece dulce el discurrir del tiempo, haces la comida, planeas las vacaciones, haces la lista de la compra, le dejas un recado colgado en un post it en la nevera...Poco más. Y miras a tu alrededor y todos están en la misma encrucijada, en el mismo error, en el mismo punto muerto: lo que nos contaron.
Pero tu cuerpo aún está vivo, aún sientes el impulso de lanzarte a vivir de otra manera, a sentir una boca fresca que te devuelva la esperanza, unos ojos que te hablen en medio de la niebla...Invertimos en tedio y pagamos cara la hipoteca de una familia de catálogo, todos iguales. Y si lo conseguimos somos infelices y nos volvemos inseguros, amargados, asociables.
Soltero a los treinta no debería ser una maldición ni un rasgo de caracter conflictivo o con rarezas. Quizás sólo demuestra que sabe uno lo que quiere, lo que espera de los demás, lo que espera del amor y de los veranos. Hay tantas falsas verdades que acabamos por confundirnos , por creer que este no es nuestro tiempo, nuestro lugar, que no encajamos...Y no nos damos cuenta de que todo el mundo siente lo mismo.

26 mayo, 2009

Reconstrucción

Hace unos días que intuyo que todo puede sobreponerse, colocarse en su sitio, recuperar su esencia. Hace unos días que creí perder la última batalla y sin embargo hoy queda demasiado lejana esa derrota que al final no fué para tanto. Las despedidas duelen, se clavan en las entrañas y cimientan un poco la desesperación de un futuro inicierto en el que la soledad parece campar a sus anchas. Pero es sólo una vaga impresión, que por imprecisa se hace más incierta y menos conmovedora.
Nuestra despedida no tuvo su momento, su última conversación, esa definitiva que concluye con un punto y final después del que ya no caben más palabras. No tuvo llanto amargo ni besos que sentencien el adios de forma irreversible. No tuvo por qués ni excusas ni explicaciones ni treguas. En parte porque nuestra despedida no llegó a producirse nunca.
No lo considero una pena, ni una pérdida excesiva ni un dolor que no se acabe pasando. Todo pasa, todo llega. Y hace unos días que supe que no me quedaba más que levantarme y calzarme tacones y barra de labios anticrisis (rojo que te quiero rojo) y salir al mundo a regalarle un poco de mi alegría, aunque sea sólo alegría ficticia. Y después esa alegría terminará por convertirse en algo tan real como la vida, como este mismo día de mayo que me sonríe desde la ventana.
Mi psicóloga (siempre fuí mucho de tirarme en el diván y contarle mis penas a los profesionales, más por diversión que por necesidad) me dijo una vez, hablando de un hombre que no me quería como yo deseaba, que no podía pedirle peras al olmo, y la entendí perfectamente. La clave de mi infelicidad estaba en que pedía lo imposible, y eso me frustraba. Lo comprendí entonces y recuperé enseguida la sonrisa.
El viernes por la noche un amigo ( que me hizo de psicólogo) me dijo con una sencillez aplastante cual era mi problema en concreto con este amor que tengo enquistado : "no te quiere". Y la simplicidad de su argumento desarmó los míos, tenía razón. A veces es tan fácil como aceptar la realidad y asumirla, y a partir de ahí, construír lo que vendrá.

22 mayo, 2009

Las cosas no pueden ir peor, o si, no se . En todo caso hoy no puedo imaginar un infierno distinto de este en el que me encuentro .Lloro y mis lágrimas no me salvan, al contrario, me hunden más y más en esta pena espesa que sólo me lleva a su nombre. Marco una y otra vez su número de teléfono, aún sabiendo que al otro lado sólo escucharé la voz amable de su buzón de voz, que me recuerda que su teléfono está apagado. Apagado. Lleva así tres días, los que yo llevo llamando insistentemente, cada dos o tres horas, sin esperanza. Y sin embargo no puedo dejar de marcar su número una y otra vez, y dejarle mis lágrimas en forma de mensaje, ya no me salen las palabras.
Me estoy volviendo loca. Loca porque estoy en el final de una historia que ya es pasado en la memoria de todos los que me conocen. Tan sólo yo me resisto a los hechos. Me aferro a ese buzón de voz como si todavía algo fuese posible.
Pero en realidad lo se. Hace ya algún tiempo que él comenzó a formar parte de mi pasado. No tuvimos una despedida formal, en parte porque fui yo la que siempre quiso evitar ese momento. No soporto los adioses y estoy segura de que despedirme de él sería para mi mucho más que insoportable. Pero ahora, en este preciso instante agradecería recordar cada una de las palabras de esa despedida que no llegó a producirse nunca entre nosotros. Me regodearía en ese dolor intenso, y me dejaría caer sobre el sofá con la garganta encogida y el alma rota, esperando otra cosa que no fuese una llamada suya.
Esta es la historia de un final, corriente, como todos los finales del mundo. Les sucede a todos, tarde o temprano la vida te coloca en el lugar del abandonado, del despojado de su amor y casi de su dignidad en el mismo gesto. Y los recuerdos se mezclan con rabia, con pena, con una esperanza absurda que lo retrasa todo.
Hoy es mi cumpleaños.

12 enero, 2009

Claude Henri de Rouvroy, conde de Saint Simon; (París, 1760 - 1825) Historiador y teórico político socialista francés. Perteneciente a una familia aristocrática venida a menos, el conde de Saint-Simon era sobrino-nieto del duque Louis de Rouvroy, famoso por sus memorias, en las que describió la corte de Luis XIV. Este intelectual de su época fue considerado el fundador del socialismo francés y uno de los padres fundadores de la Física Social, a la que posteriormente Comte daría el nombre de Sociología. Creativo, imaginativo, visionario y con una mente tremendamente enciclopédica, vivió intensamente, hizo fortuna, la dilapidó alcanzando la mayor de las miserias, intentó suicidarse en alguna ocasión y dedicó su vida entera a la elaboración de su obra en un intento de creación de un nuevo orden social y econocómico que el concebía como una nueva religión. Se anticipó a la revolución industrial y fué uno de los primeros en concebir una conciencia europea.
Este hombre, de mente maravillosa creía que tenía demasiadas cosas que aportar al mundo, y así, a la edad de quince años se hacía despertar por las mañanas por sus criados con la siguiente frase: "Levántese, señor conde, hoy tiene que hacer grandes cosas".
*
Las tardes de domingo tienen que dar para algo más que para recrearse en la contenplación apacible del paso de las horas delante de una taza de café o delante de la pantalla de un televisor. Los amigos conforman nuestro mundo - intevitables y necesarios por igual- y llenan nuestro tiempo y nuestro espacio. Las tardes de domingo -dijo alguién- son la medida de nuestra felicidad, el chequeo periódico al estado de salud de nuestra existencia. Las conversaciones amenas, la compañía cariñosa de los amigos nos reconforta y nos salva, pero es la lectura, sobre todo la que pone una guinda especial a una tarde que no tiene por que ser terrible. El conde de Saint Simón me saludó desde el pequeño salón de mi apartamento, y como si de magia se tratase , la luz del domingo adquirió tonalidades nuevas. No sólo había un ritmo normal de los acontecimientos, sino la tranquilidad amable de la soledad bien entendida y aprovechada. Cuando empieza a caer la noche, cuando la ciudad lentamente se va apagando y los ruídos del día comienzan a diluírse, los niños cenan y se preparan para un nuevo lunes de colegio, y no apetece encender la tele ni el ordenador, el mundo se hace amplio en las páginas de un libro. Conocía ayer por la noche al conde de Saint Simón, un poco de su vida, y algo de su obra, y me conmovía su mente lúcida , casi futurista, su inteligencia, su dedicación a construír un pensamiento totalmente novedoso, sus ideales...Y en medio de esa apasionante lectura, creció una curiosidad vivificante que me hizo sentir en paz con todos los objetos que me rodeaban. Sonó un sms en el móvil , palabras que me llegaban como de otro tiempo, desde un espacio desconocido e inalcanzable, y no tuve ganas de contestar. Mi domingo estaba bien como estaba.

30 diciembre, 2008

Propósitos para el año nuevo

1.Dejar de ver al "joyas" (ja, ja, ja...)
2.Hacer deporte (ja, ja, ja...bis)
3.Enviar emails a mis amigos cada día.
4.Leer un libro cada semana (por lo menos)
5.Ir al cine.
6.Llamar por teléfono a esos amigos que nunca llamo.
7.Beber menos ( o intentarlo)
8.Follar más (o intentarlo)
9.Decirles a mis padres que les quiero
10.Hacer algo por este blog (aunque sea eliminarlo)

09 octubre, 2008

Angustia

A veces la angustia no se deja compartir fácilmente. Al menos eso le sucede a la mía. Hoy metería la cabeza en un agujero y me quedaría ahí, para siempre, sin hacer nada, sin pensar. No hacer nada es sencillo, basta con quedarse quieto, dejando pasar las horas por encima de nosotros sin remordimientos. No pensar, eso, eso ya es otra cosa. Porque yo pienso, aunque erróneamente, y mi angustia crece entonces y se expande por los rincones de mi vida, como un chicle gastado, sin color ni sabor ya a nada.
Hace días que no leo los periódicos, ¿para qué? sólo hablan de la crisis, de esa maldita crisis que nos cogió a todos en pelotas porque nuestros políticos se encargaron de maquillarla durante meses. Hasta el café con leche de las mañanas sabe a crisis , a desaceleración, a caída de los mercados, a lo que sea...Y yo tengo además mis propios problemas, que no son globales, que son sólo míos, tan míos que ni yo misma los conozco bien. ¿ qué coño me pasa? y no tengo respuestas, tan sólo preguntas, infinitas, erróneas.
Necesito un amortiguador de golpes para el alma, para el corazón, para cualquiera que sea ese sitio en el que se cobija la esencia de nuestro ser. Hoy estoy tocada, no me preguntes, no se. Tengo algo roto, y algo a punto de romperse. Y he perdido las ganas de batallas y de rebeldías, así de simple. Mi angustia no responde a un hecho concreto, ni siquiera a un pensamiento enquistado en mi subconsciente, es algo que está ahí, y punto. Pero es mía, y no se deja compartir con nadie.
Quizás pienso que algo podría aliviarme un poco, el tacto de una única piel contra la mía, eso que confundo con el amor a cada paso, pero que no es amor, que es también causa de mi angustia. Y los métodos tradicionales sirven en otros, pero no en mi, que me muero de inanidad, de neutralidad, de ausencia de vida en cada poro. Sólo cabe meter la cabeza en un agujero y dejarme estar, desprendiéndome de todo, hasta que esté preparada para leer una página más de esa novela que comencé a leer sin echarme a llorar, hasta que suene el teléfono y no se me salga el marcapasos por la boca, hasta que deje de sentir esta presión en el pecho y en la garganta, hasta que deje de sufrir por algo que no tiene nombre ni esencia ni sentido...

18 septiembre, 2008

"Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: "la hermosa ciudad, la hermosísima ciudad". Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos,y así es como viajan los cronopios." Historias de Cronopios y de Famas. Julio Cortázar.
En la playa a finales de septiembre. El sol último de la tarde , cuando aún no son las 7 me indica que termina el verano. Es como si no hubiese empezado todavía y ya da sin embargo sus últimos latidos. Irónicamente me pongo morena al final de septiembre, cuando ya no sirve de nada, cuando sólo me aguarda el frío al otro lado.
Desde la otra punta de mi vida recibo una noticia, Julito aprobó el examen y en un sms me dice que su vida dará otro giro. Desconozco los giros que marcaron su destino, que hicieron que nunca se cruzase con el mío. Desconozco que será de él ahora, si volveremos a vernos...Pero le percibo ya con cierta melancolía, melancolía por lo que pudo ser y no fue, por todas las cosas que nunca compartimos.
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Los cronopios dejan los recuerdos sueltos por la casa , entre alegres gritos. Entre muchas otras cosas aprendí lo que son los cronopios y los famas de Cortazar. Podía haber sido en cualquier sitio, pero fue aqui , en la Costa del Sol, donde descubrí a estos seres verdes y húmedos, tibios y desordenados. También aquí supe del embarazo de una amiga y de otras muchas cosas que también tendrán consecuencias en mi destino.
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Tatuaje , duración 15 días, 5 euros. Esto es la Costa del Sol y cualquier cosa sirve para hacer negocio. Negocian con nuestras almas de turistas, nos venden todo lo invendible, lo inútil, sobre todo bajo la lluvia. Y nosotros picamos porque estamos en el final del verano y en el final de nuestros sueños. Hay un hueco destinado a la nostalgia, y otro puesto en la ansiedad que provoca el inmediato futuro. Me siento incapaz para el amor. Estoy muy lejos de casa y sin embargo nada me parece demasiado distinto. El mismo vértigo azul ante el porvenir.