Hay escenarios oscuros que me trasportan a la vida que nos tocó en otro tiempo, aquella a la que no supimos renunciar, de la que no supimos escondernos a tiempo. Y así, sin pretenderlo, por azares varios, terminamos de derrota en derrota, siempre cansados, con demasiado peso sobre nuestras espaldas. Aquella vida -ya me lo decía mi madre- no era vida, más que para los que se creían peor que los gusanos. No era nuestro caso. Tu y yo teníamos talento, imaginación; incluso éramos guapos, y eso debería de ayudarnos a sobrevivir, a recuperar la dignidad en una realidad que podría ser reconfortante, apetecible. Pero no supimos escribir el futuro, ni leer los mapas que dibujaban nuestro destino, ni tú ni yo.
Hoy te escribo desde un paisaje distinto, sin cerezos en flor, sin margaritas, sin mariposas revoloteando sobre los tejados de las casas. Hoy supe que tus lágrimas de azufre no podían compararse a las mías. Las mías eran pura ginebra con tónica, siempre a la temperatura ideal, para mantener frío el corazón y loca la cabeza. No sé que contarte, ni siquiera sé si agradecerás el gesto, que mi voz suene de nuevo en tu patio trasero, bajo el magnolio. Olía siempre a primavera, era aquel suavizante que comprabas en el economato. El suavizante de los pobres olía a primavera, y así iba yo como un pincel a la fábrica, cada mañana. Aquellos malditos años, y tu siempre con tu sonrisa pintada, como si nada.
Hoy veo otro país bajo el mismo sol de entonces, sin ti. Quizás me vendí un poco al cemento de las edificaciones, al dinero y a los caprichos de un sistema que estaba dispuesto a devorarnos. Quizás dejé de lado algunos principios por los que antes bien hubiera arriesgado mi propia vida, pero en el fondo creo que tenía mis motivos. No te estoy pidiendo perdón, pero no concibo otra forma de hacer las cosas. Vivo en una urbanización de lujo, tengo dos coches y una casa de veraneo en la playa. A veces me acuerdo de aquel patio, del hijo que perdimos, de lo que no supimos construír juntos. Aquella vida -ya me lo decía mi madre- no era vida.